Javier Milei no es un excéntrico, un personaje extraño o curioso… no! Es un fascista con todas las letras. Y, como todos los demás miembros de la internacional fascista, no utiliza esta palabra para definirse. En su caso, la cosa es mucho peor, ya que la palabra elegida para explicarse el mundo ha sido y es «libertario». Sí, Milei utiliza el sinónimo de «anarquista» para explicar lo que él está ideológicamente hablando, comiéndose el continente de una palabra que le debemos hacer volver lo antes posible si no queremos que quede absolutamente desacreditada. De hecho, en la Argentina, la palabra parece ya irrecuperable…
Su ideología es fascista, fascista del siglo XXI, claro está, por tanto ultra neoliberal en economía y a menudo sin utilizar la violencia en la calle para acceder al poder, aunque ya veremos cómo avanza el tema porque en lugares como EEUU o Brasil los ensayos de violencia política multitudinaria ya los hemos visto en la práctica y no hacen cara de desaparecer sino más bien de incrementarse. Por no hablar de la mayor violencia, que es y será siempre la violencia contra la vida, construida cada día a base de recortes. en salud, educación, dependencia, jubilaciones, salarios…
Milei habló en Davos, hace cuatro días, e hizo unas afirmaciones que sirven ahora para ilustrar lo que estoy diciendo sobre su ideología. Allí, dejó ir que «La ideología de género constituye clara y directamente abuso infantil. Son pedófilos», a la vez que añadía leña al fuego atacando el feminismo y caracterizó como «una búsqueda de privilegios». Para finalizar, cuestionó la figura penal del feminicidio. Nada nuevo bajo el sol si nos miramos y escuchamos la cuadrilla de los que le hacen lado y le rinden las gracias aquí y allá, Pilar Rahola incluida.
Hasta aquí, poca cosa más que decir, ya que eso es lo que se espera que sea y haga un fascista. Lo que fue nuevo fue la contestación que el presidente de la Argentina tuvo en la calle, en forma de Marcha Federal Antifascista y Antirracista. Decenas de miles de personas llenaron las calles de Buenos Aires y otras ciudades tanto de Argentina como de muchas otras ciudades de América y del mundo para decirle que no le tienen miedo y que no dejarán que viva de las mentiras que dice ni que destruya el mundo donde vivimos.
Manuel Adorni, portavoz del Gobierno de Milei, al día siguiente de la manifestación dejó claro que están tramitando una ley, el Proyecto de Igualdad, que derogará la figura del feminicidio del Código Penal. Es el mismo portavoz que hace unos meses anunció el cierre del Ministerio de la Mujer, Géneros y Diversidad, que tenía 1.004 empleados con un presupuesto de 300 millones de dólares y que ahora ya no existe.
En eso consiste el fascismo actual, en hacer desaparecer los derechos de las mujeres a existir, en hacer desaparecer los proyectos emancipadores que tanto ha costado construir y acabar manteniendo lo que había en todas partes antes de que el feminismo se convirtiera en sujeto activo de políticas de cambio. Y, sobre todo, que las mujeres noten la violencia patriarcal sin derecho a quejarse y que la dominación de los machos heterosexuales se convierta en la única forma de existencia posible para ellas.
Hay quien dice que Trump destruye y ataca «sólo» a las personas trans; hay quien dice que Orban destruye y ataca «sólo» a los gays; hay quien dice que Milei destruye y ataca «sólo» a las mujeres… y hasta que cada uno de los que dice cosas de estas no entienda que todos ellos van contra todos y su objetivo es hacer desaparecer todos los derechos hasta que no nos quede ninguno, no iremos bien. Los seguiremos llamando «populistas» y no entenderemos la verdadera cara de este nuevo fascismo que en este aspecto es como el clásico.
Aparte de la manera en que la extrema derecha deja sin derechos a quien no le gusta, e históricamente no le han gustado ni las mujeres ni los seres humanos que no son heterosexuales, en el caso de Milei y sus escupidas tiradas en Davos, también ha sido ilustrativo como su alrededor logró silenciar en redes la manifestación antifascista de respuesta a sus bramidos. Y digo ilustrativo porque su estrategia de control de redes la tenemos que conocer a fondo.
El sábado de la manifestación, se preveía que la movilización sería inmensa, tal como fue, pero del mismo modo se preveía que las consignas de la Marcha Antifascista serían mayoritarios #MarchaDelOrgullo, #FueraMilei o #MarchaAntifascista. Así que, rápidamente, los que el equipo de investigación política de Revista Crisis califican como «las milicias digitales de la ultraderecha» se pusieron manos a la obra. Daniel Parisini, llamado «Gordo Dan», un tuitero ultraconservador y de extrema derecha que trabaja junto a Milei para ensanchar sus discursos y construirle la curiosidad en redes, comenzó a extender la consigna #MileiTeníaRazón. Como si de un ejército se tratara, primero los convencidos al servicio de lo que ellos califican como «movimiento libertario» empezaron a pillar y a estar presentes en redes y centenares, miles, decenas de miles y más aún de botes tiraron el mensaje y lo amplificaron hasta el infinito.
Tal cómo pronosticaba Goebbels en su sexto principio de la propaganda política («Si una mentira se repite muchas veces, acaba convirtiéndose en verdad»), la miseriamultitudinaria tuvo que luchar en redes con millones de reparos que amplificaban el mensaje #MileiTeníaRazón. Y el resultado de un combate tan desigual fue que la mayoría de usuarios de redes, ese día, si hacían caso acríticamente de lo que más se reíba, entendía que en Argentina, la mayoría de la gente estaba con el criminal Milei y sus ideas llenas de odio hacia quien no es como él piensa que debe ser. El «Gordo Dan» lo había conseguido una vez más, había creado la falsa sensación de que la mayoría de argentinos pensaba las barbaridades de su presidente. Y si alguien dudaba de ello en Argentina, rápidamente tomó partido por los de #MileiTeníaRazón, porque si no sabes qué pensar vale más apostar por el caballo ganador siempre.
Por eso, ahora más que nunca, si queremos continuar el combate contra este odio extendido por todas partes por la internacional fascista o nos enfrentamos con sus armas (centenares de miles de bots en combate permanente) o mejor que desactivamos las redes, todas. Si no hacemos ni una cosa ni la otra, un día no entenderemos nada y los vecinos nos quemarán la casa con nosotros dentro por «diferentes» o porque alguien nos ha señalado y acusado de ves a saber qué.