Tarragona celebró ayer, un año más, una jornada para visibilizar la muerte gestacional, perinatal y neonatal. Si la mañana se iniciaba con un acto solidario en el centro cívico Sant Pere i Sant Pau, por la tarde la celebración de este día de recuerdo se trasladaba a los jardines del Áncora, junto a la playa de El Miracle.
La razón es que el centro cívico de Sant Pere i Sant Pau ha acogido acogió un taller de confección de saqueos solidarios y un espectáculo de teatro, Costura, de la compañía Elena Romero Muñoz. La jornada consistió en un taller intensivo de confección de saqueos o bresadoras solidarios que se entregarán en diferentes hospitales para ponerlos a disposición de las familias que han tenido que pasar por el parto de su bebé fallecido.
Por la tarde, el espacio que se creó el año pasado en los jardines del Ancla para recordar las pérdidas gestacionales, perinatales y neonatales se han llenado de familias. Algunas han vivido en primera persona estas pérdidas y otras han querido acompañarlas para recordar que no están solas. La Empresa Mixta de Servicios Fúnebres Municipales de Tarragona (EMSERFUMT), el Colegio Oficial de Psicología de Tarragona y la asociación A Contracorriente, impulsoras de este acto de recuerdo, han celebrado una jornada pensada para las familias y para visibilizar un dolor que a menudo se ha silenciado.
Durante la jornada, la presidenta de EMSERFUMT, Ivana Martínez, la coordinadora del Grupo de Trabajo Perinatal del Colegio de Psicología, Bárbara Mas y Miriam Coello de la asociación A Contracorriente leyeron un manifiesto por la visibilización del Duelo Gestacional, Perinatal y Neonatal donde, entre otras cosas, destacaron que “la muerte de un ser querido es una experiencia normal, sana, necesaria y reconocida por la sociedad, pero que cuando la muerte sucede durante el embarazo, el parto o poco después de nacer, el duelo tiende a ser invisibilizado, minimizado y desautorizado, y por tanto, más difícil de gestionar a nivel emocional y psicológico para quienes lo están transitando, en una sociedad que lo contempla como un tabú. La vinculación emocional con el bebé no depende de las semanas de gestación, sino de lo que este bebé significaba y lo que como proyecto de vida representaba para su familia y que, por tanto, el dolor por la muerte de un hijo o hija debe ser contemplado como único y singular, independientemente de la edad gestacional de la criatura a la hora de morir”.
También se reclamó la creación y mejora de protocolos en atención hospitalaria sobre muerte gestacional, perinatal y neonatal, estandarizados y consensuados a nivel nacional. En todos los casos, también a las interrupciones de embarazo y cuando se opta por continuar la gestación y los cuidados paliativos perinatales y atención sanitaria respetuosa con las familias y sus procesos de duelo, adecuando los espacios y el mobiliario a las necesidades que requiere una despedida tranquila, y que estas instalaciones específicas sean fácilmente reconocibles por el personal sanitario.
Por último, y un año más, se reclamó “poder inscribir legalmente a todos los bebés fallecidos, sea cual sea su edad gestacional, registrándose en cualquier caso como hijo/as con nombre y apellidos, aunque no haya derechos legales derivados”.