Christian Soriano: “Que no, que yo (no) voto”

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Un viejo amigo me preguntaba el otro día por el más favorito de mis autores. Sabedor de mi predilección por el poeta del pueblo, quedó realmente sorprendido cuando decliné nombrar a Miguel Hernández para ensalzar la figura de Eduardo Galeano. He releído sus obras en numerables ocasiones y si hay líneas capaces de despertar mi más sincera y profunda admiración esas son las que componen “Los caminos del viento”.

Y dentro de esta oda a la rebeldía y al coraje humano son las últimas palabras las que ensalzan y remarcan la belleza de una obra de tal calibre. Decía Galeano que “no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo” y no puedo evitar recordarle ahora que el debate independentista en nuestro país acaricia vorágines de agresividad política y abraza al pragmatismo más presuntuoso.

El alma nacionalista sigue latente en la sociedad catalana, más que nunca, y tras años de bandazos ideológicos, interminables campañas y eternos “votos de nuestra vida” parece que ahora sí que sí todo se decide el próximo 1 de octubre.

Será el Referéndum el que distinga a demócratas y no demócratas, a progresistas y conservadores, a catalanes y catalanófobos. El depositar la papeleta en una urna marcará el rumbo ideológico de los participantes y las convicciones no sólo políticas, sino también éticas y morales de aquellos que acudan (o no) a los colegios electorales. El Referéndum sirve para dos cosas: dar voz a la Democracia y señalar a quienes quieren destruirla. Curioso objetivo, deleznable dicotomía la que presentan.

Yo voté en la consulta del 9N. Me parecía un movimiento puramente popular en el que las instituciones catalanes servían a la voluntad de una mayoría social que pedía a gritos que se la escuchara. El carácter no vinculante de esa votación y el aspecto simbólico de demostrar que el pueblo catalán quería expresarse me parecieron motivos suficientes para decir en una urna que no defiendo la autodeterminación catalana pero
sí que se nos pregunte acerca de ello.

A pesar de votar en 2014 y de estar a favor de la celebración de un Referéndum vinculante no iré a votar en el pseudoreferéndum de los “garantes y hermanos de la Democracia”.

No votaré porque creo en el Estado de Derecho y en la necesidad de convivir en un marco jurídico común. No votaré porque no creo en la imposición de unos valores (anti)democráticos que defienden que es el pensamiento único quien organiza y estigmatiza una sociedad dividiendo a aliados y enemigos de la Democracia. No votaré porque detesto a quienes abren frentes y cierran filas en torno a un posicionamiento ideológico que me dice cuan catalán soy. No votaré porque creo que la legitimidad de
las instituciones y sus actuaciones penden de la soberanía parlamentaria y que ésta se
cimienta en el cumplimiento de la ley, nuestra ley.

Y “ojalá podamos ser desobedientes cada vez que recibamos órdenes que humillan nuestra conciencia” pero la desobediencia en un estado democrático y de derecho se ejerce mediante los mecanismos institucionales que todos ganamos hace años.

No votaré en un acto de nula validez organizado por un ejecutivo catalán que agoniza por falta de proyecto y que encuentra en un Referéndum ilegal la única solución para disfrazar su incompetencia.

Un PDeCAT al que le persigue la corrupción y las consecuencias de unas políticas neoliberales que han acentuado la crisis económica y una ERC que necesita desquitarse la etiqueta de socio vip de la derecha catalana más rancia son los impulsores de un Referéndum que se presenta como bote salvavidas a un proyecto acabado que navega a la deriva en un mar de incertidumbre y desconcierto.

Las purgas dentro del “Govern”, el nombramiento de independentistas radicales en los puestos de mayor decisión y el obcecamiento con la celebración de la consulta no hacen más que remarcar el tono autoritario y el carácter impositivo de unos dirigentes que hace mucho que perdieron el norte.

Ante la “desesperada esperanza” del ejecutivo catalán resalto que después del 1 de Octubre seguiré abrazando la Democracia, continuaré enorgulleciéndome de sentirme catalán y me mantendré firme en mi lucha por conseguir la celebración de un Referéndum que de voz a la inmensa mayoría de la sociedad catalana. Sigo creyendo, y eso no me (nos) lo podrán quitar nunca.

Christian Soriano Garcia

1r Secretario de la JSC El Vendrell

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